Louise Glück

PRIMER RECUERDO

Hace mucho tiempo, fui herida. Viví

para vengarme

de mi padre, no

por lo que él fue

sino por lo que fue de mí: desde el principio,

desde niña, creí

que el dolor quería decir

que no me amaban.

Que amaba, quería decir.

 

FIRST MEMORY

Long ago, I was wounded. I lived

to revenge myself

against my father, not

for what he was—

for what I was: from the beginning of time,

in chilhood, I thought

that pain meant

I was not loved.

It meant I loved.

Ararat (traducción de Abraham Gracera) (Pre-Textos, 2008)

Pedro Mairal

Cuando estuvieron todos sentados, la doctora Loreto vino desde la cocina con una cafetera y dijo:

— Bueno, cuéntenos entonces, María Teresa, por qué quería conocer Grecia.

La pregunta la desconcertó y estuvo balbuceando un poco sin que la escucharan porque la doctora Loreto empezó a servir café hirviente con muy mal pulso y la atención general, por un rato, estuvo dirigida al peligroso temblequeo de las tacitas con reproducciones de Watteau. La doctora Loreto servía café para el almuerzo, con sándwiches de miga y masas, y después una empanada con una copita de vino blanco.

Con la voz más decidida, la profesora Bellini explicó que, como profesora de una carrera humanística, siempre había querido conocer la cuna de la cultura occidental, pero no dijo que además había tenido ganas de alejarse de Buenos Aires, alejarse del frío en la parada del colectivo 124 todas las mañanas y las tardes, alejarse del colegio, de las caras incesantes de los chicos en el aula, del baño de la sala de profesores donde se lavaba la tiza de las manos con un jabón líquido color rosado. No habló del extraño deseo que había tenido de ir a un lugar de mundo donde no estuviera ella misma, donde no estuvieran su pasado y su presente diseminados por las calles, contaminando todo.

“El viaje de la profesora Bellini”, Hoy temprano (Clarín/Aguilar, 2001)

Pedro Mairal

¿Dónde están los frutos enormes que cuelgan de los árboles y los puertos de aguas claras y las indias cachondas? Que aquello sí quisiera verlo yo, porque si la escuálida culebra de las escrituras la convenció a Eva de dejarse joder por Adán, hombre, de qué cosas convecerán a las mujeres de aquí estas serpientes gigantes capaces de devorarse un cerdo.

“Amazonía”, Hoy temprano (Clarín/Aguilar, 2001)

Zbigniew Herbert

LA PIEDRA

La piedra es la criatura

perfecta

 

igual a sí misma

vigilante de sus fronteras

 

exactamente repleta

de pétreo sentido

 

con un aroma que a nada recuerda

a nadie espanta o despierta codicia

 

su ardor y frío

son justos y están llenos de dignidad

 

siento su duro reproche

cuando la apreso en mi mano

y su noble cuerpo

absorbe el falso calor

 

-Las piedras no se dejan domesticar

hasta el final nos mirarán

con su mirada clarísima


Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (Hiperión, 1993)